Capítulo 4 – Y así, el monstruo se convierte en leyenda
–¿Y Jack el destripador…? No llega… –Dijo uno de los miembros de las espadas nocturnas aburrido mientras comía su cena.
Ya faltaba poco para llegar a la media noche.
–El cobarde de seguro se echó para atrás y huyó.
–Qué lástima si ese es el caso. Tenía profundo interés en él cuando escuché que derrotó a un guerrero de Wakoku.
–Bueno, pueden verlo por el otro lado. Esto solo nos da la razón; nadie puede hacerle frente a las espadas nocturnas cuando unimos fuerzas.
–Con la fuerza de combate que reunimos, y sí. De seguro Jack el destripador se dio cuenta que no tenía oportunidad esta vez. –Exclamó otro miembro. Cada uno de ellos riendo.
–Cuando amanezca hagamos que se esparza la noticia de que Jack el destripador salió corriendo con la cola entre las patas y las espadas nocturnas mantienen su hegemonía. De sa forma ningún tonto osara en mostrar sus colmillos en contra de nosotros…
Cuando el conde White dijo eso, de repente la arena comenzó a brillar. Poco a poco, aquella luz se iba haciendo más incandescente en respuesta a algo o alguien.
–¿Hm..?
–Parece que finalmente llegó. La arena está reaccionando a un intruso.
En el momento en que la luz se hizo más fuerte, el artefacto mágica en la arena desplegó una barrera alrededor del domo, y, en el centro, apareció un hombre vestido de payaso sangriento.
–Así que ese es el famoso Jack el destripador.
–Un payaso ensangrentado. La descripción concuerda.
–Hm… Concuerdo en eso, pero no me parece que sea demasiado fuerte.
–Todavía es muy pronto para saberlo. Pero por lo pronto podemos decir que no es muy inteligente si vino a caer redondito en nuestra trampa.
–Y sí. El lado bueno es que al menos no nos vamos a ir a la cama aburridos.
Todos los miembros de las espadas nocturnas se acercaron al filo de los asientos para ver bien a Jack el destripador.
–Jack el destripador. Agradecemos que hayas hecho acto de presencia, pero… ¿no podías llegar más temprano? ¿O acaso te tomó demasiado tiempo reunir el valor para enfrentarnos? –Dijo el conde White en un tono humorístico. Pero Jack el destripador no se inmutó.
–¿No vas a decir nada? Viniste aquí por nosotros, ¿no? Si te hicimos algo es el momento perfecto para decírnoslo. ¿Matamos a tus padres, tal vez? ¿Vendimos a tus hijos? ¿O acaso robamos tus bienes? Me perdonarás pero hemos hecho tantas cosas que no sé cuál te tocó a ti. –Dijo White, seguido de eso se escucharon las risas de todos alrededor de la arena.
–¿No vas a decir nada? Bueno, eso también está bien. Ahora vamos a lo que nos importa. Nos tomamos las molestias de preparar un juego especialmente para ti. Las reglas son sencillas, eso sí. Solo tienes que derrotar a todos los participantes que hemos reunido, y cuando lo hagas, la barrera que cubre la arena desaparecerá. De esa forma tal vez, solo tal vez, puedas tener tu oportunidad de matarnos. –Dijo White, mirando lleno de confianza a Jack el destripador.
–Y solo para ahorrarnos tiempos, déjame decirte desde ya que esta barrera es un poderoso artefacto que costó tanto dinero que ni con mil vidas podrías reunir. Así que eso, ni siquiera pienses en destruirla por la fuerza porque no podrás. ¡La única forma que tienes para salir de ahí es derrotando a todos los contrincantes! –Exclamó con fuerza el conde.
–¡Es hora de que empiece el show! ¡Que pase el primer contrincante!
Luego de que el conde White diera su orden, automáticamente las puertas de la arena se abrieron y de ellas salió un espadachín mágico. Era un hombre corpulento, con una armadura robusta y una gran espada. El hombre movió un par de veces esa espada como si no tuviera peso alguno, y luego, se giró hacía las espadas nocturnas para hacer una reverencia.
–¡¡Este hombre es un gladiador mágico de la ciudad-estado de Esparta!! ¡¡Cosechando más de 200 victorias en el coliseo espartano!! ¡¡Gracias a su habilidad de cortar en pedazos a sus enemigos con su imponente espada, se ganó el sobrenombre de Butcher el carnicero!!
Butcher el carnicero se acercó lentamente a Jack el destripador, hasta ponerse frente a frente de él.
–Pero vaya mierda. Yo emocionado por pelear con alguno de los maniacos de la sala de espera, ¿y me vienen a poner a pelear contra un puto payaso? –Dijo Butcher con una sonrisa, poniendo su gran espada sobre su hombro.
–¡Que empiece el primer encuentro!
Apenas se dio la señal de inicio, Butcher atacó con su espada, y un monstruoso sonido resonó por toda la arena.
–¡Pe-Pero qué corte tan potente!
–Esta es la primera vez que veo pelear a un gladiador espartano. ¡No pensé que fuera tan fuerte…!
–Fuerte es, pero parece que su golpe no dio en el clavo.
Así es. El ataque de Butcher no había impactado en su objetivo. Pero no fue porque el payaso lo hubiese esquivado, sino que desde el inicio la trayectoria del golpe no iba hacía él.
–Fallé a propósito. No tendría nada de divertido si todo acaba de un golpe. Entre los gladiadores, los que entretener a las masas somos de primera categoría, y el resto son solo sobras. –Dijo Butcher poniendo su espada sobre su hombro otra vez.
–Ven aquí payasito. Ese golpe fue suficiente para saber de qué estás hecho. Si no pudiste reaccionar a eso, entonces jamás me ganarás. Pero tranquilo, no morirás enseguida. El trabajo de un gladiador mágico es entretener al público incluso contra un contrincante de tercera categorasiorñasjdlkajda.
De repente Butcher salió volando, y la sangre manchó todo su rostro al estrellarse contra la barrera.
Una tras otra, las gotas de sangre que caían de su cuerpo manchaba la máscara del payaso, mientras bajaba lentamente la pierna que usó para patearlo.
–E-El ganador es… Jack el destripador. –proclamó el conde White algo aturdido.
Él no era el único, por supuesto. El resto de las espadas nocturnas comenzaron a hacer comentarios entre ellos.
–¡¿Q-Qué rayos fue eso?!
–Una patada. ¡Una patada increíblemente poderosa…!
–Conde Butler, ¿usted fue capaz de ver ese ataque?
–No todo, pero algo sí. Recuerde que me gané mi fuerza entrenando con estos brazos y piernas.
–Pero aun así es inaudito. ¿En serio un humano es capaz de impactar semejante golpe?
–Bueno, de todas formas ese era un contrincante fácil, así que la victoria del payaso ya estaba más o menos esperada.
–Deberíamos cambiar la estrategia para el segundo combate. ¿Usted qué cree, conde Butler?
–Sí…
Todos estuvieron de acuerdo con la propuesta, por lo que el conde White bebió de su copa de vino y llamó al segundo contrincante.
–¡Que entre el segundo contrincante!
El segundo contrincante eran más bien tres espadachines mágicos.
–¡¡Estos tres son miembros del escuadrón “Lobo blanco” del vice capitán de los caballeros de Begarta, famosos por sus hazañas en la guerra interna de dicho país!! ¡¡Sin embargo, terminaron en este lugar luego de que su empleador, Doem Ketsuhat muriese en la rebelión de Oriana!! ¡Pero puedo asegurar que cada uno de estos veteranos de guerra es igual o más poderoso que Butcher! ¡¡Prepárate para ver su gran trabajo en equipo y experiencia ganada en los campos de batalla!!
Los tres contrincantes eran espadachines mágicos de aspecto calmado, cada uno entre sus 30 y 40 años. Uno de ellos portaba una espada, el otro una guadaña y el otro una lanza.
Cada uno de ellos miraba con desdén a Jack el destripador.
–¿Y bien…? –Dijo el espadachín del grupo.
–No lo sé. No puedo adivinar qué tan fuerte es, pero precisamente eso es lo raro. –Respondió el de la guadaña.
–Yo pensé que sería un trabajo más fácil, pero ahora no estoy tan seguro. Perdón por el tres contra uno, viejo. –Dijo el de la lanza al final, y entonces los tres tomaron una posición de pelea.
–¡¡Que empiece el tercer encuentro!!
Apenas empezó el combate, los tres se movieron para rodear a Jack el destripador. Sin embargo ninguno se acercó más de la cuenta. Estaban apartados, buscando un punto ciego o muerto en él.
Los tres caballeros de “Lobo blanco” se movieron a su alrededor. Una vez, dos veces, tres veces… sin ningún cambio en la arena.
–¿Por qué solo están dando vueltas…? –Dijo uno de las espadas nocturnas en un tono de insatisfacción.
“Lobo blanco” escuchó esas palabras, de eso no había duda. Pero aun así, ellos siguieron dando vueltas alrededor de Jack el destripador. Sin ningún cambio, la escena no rara, sino lo siguiente, continuó.
Aunque a simple vista todo se viera igual que cuando empezó el encuentro, en realidad sí había ocurrido un cambio en los tres guerreros.
El sudor comenzó a rodar por la mejilla de los tres miembros de Lobo blanco. Su respiración se volvía cada vez más rápida y corta, y sus miradas desenfrenadas.
Una extraña sensación de tensión dominó toda la arena, una capaz de borrar incluso las quejas de las espadas nocturnas.
Así, el lugar quedó totalmente en silencio.
En ese preciso instante, Jack el destripador hizo su primer movimiento.
Solo dio un paso, nada más. No había ninguna intención asesina, o ninguna señal de que fuese a atacar. Solo fue un mero e inocente paso.
Pero Lobo blanco no lo tomó de esa forma.
Todos tres saltaron hasta cada esquina de la arena.
Sus respiraciones estaban muy alteradas, sus miradas frenéticas y sus manos temblando. El miedo en ellos era más que notable.
Era un miedo que jamás habían sentido en sus vidas. Un miedo hacia lo que parecía ser un simple hombre vestido de payaso. Visto por un tercero, claro. Pero para estos hombres, con un gran historial de batallas en su récord, era como estar frente al fin del mundo mismo.
Tal vez por eso fue que el hombre de la espada soltó su arma. Seguido de él también el de la guadaña y el de la lanza.
–Me rindo. No vale la pena ni siquiera intentarlo… –Dijo el viejo mercenario con una voz temblorosa.
–¿Te rindes…? ¡¿Estás abandonando el encuentro?! ¡¡Eso no fue lo que pactamos!!
–Somos mercenarios. No tenemos miedo de morir en el campo de batalla, pero tampoco vamos a hacerlo en un lúgubre subterráneo. –Dijo el de la lanza.
–¡No me jodas! ¡¿Cuánto dinero crees que pagamos por ustedes?! ¡Si se marchan ahora, el rumor de que los lobos blancos desertaron con la cola entre las patas se extenderá por todos los reinos!
–Te devolveremos tu millón o dos millones cuando quieras. Y sobre los rumores, haz lo que se te dé la gana. –Dijo el hombre de la guadaña con una pequeña sonrisa.
–¡Ma-Maldito plebeyo! ¡¿De qué te ríes?!
–No, es solo que me parece gracioso que de verdad crean que van a sobrevivir a esta noche. –Dijo el hombre, dándole la espalda a las espadas nocturnas junto a sus otros dos compañeros y abandonando la arena.
Jack el destripador no los persiguió. Él simplemente comenzó a reír detrás de esa máscara.
–¡Tch…! ¡Malditos mercenarios de mierda! –Se quejó con ardor el conde White.
–Qué gran decepción.
–Mañana nos encargaremos de ellos. Mejor prepararemos al siguiente contrincante.
–Parece que los mejores años del “lobo blanco” ya pasaron. Ahora no son más que unos lobos viejos y arruinados. ¿Hm? ¿Qué sucede conde Butler? –preguntó uno de ellos al ver al conde Butler con el rostro totalmente blanco, como un fantasma.
–¿Se siente bien?
–En el próximo combate será mejor ir con todo.
–¿Pero qué está diciendo?
–Que no entendí nada de lo que pasó en este encuentro.
–Pues ni nosotros entendimos. Solo estaban girando y girando.
–No obstante, conozco la fuerza del lobo blanco y yo mejor que nadie sé que son el grupo de mercenarios más poderosos de este continente.
–Ja. Un título comprado tal vez. –rieron las espadas nocturnas.
–Pero esta vez decidieron huir de la pelea. Debieron tener una razón para huir incluso abandonando todo el renombre y honor de los lobos blancos.
–¿Y qué razón podría ser esa?
–Tal vez para ellos, Jack el destripador sea un monstruo con un poder superior a cualquiera que haya visto.
–Ja… Qué ridículo. A usted sí que le encanta bromear con nosotros, eh.
–Bueno, tampoco está de más seguir su consejo y poner a un oponente digno la próxima vez. ¿Qué tal un espadachín de Begarta?
–Sí, me parece bien. Llamen al siguiente. –Informó uno de los hombres al mayordomo anunciante, pero este con un rostro incómodo dijo –La verdad es que, el espadachín de Begarta se retiró.
–¿Qué? ¡¿Se fue?!
–Así es. Dijo algo así como; “Siento un cosquilleo en el trasero”, y se fue.
–¡¿Y lo dejaste ir así sin más?!
–S-Sí señor. Devolvió todo el dinero que se le pagó, además salió corriendo más rápido que el viento así que no lo pude seguir…
–¡Tch! ¡To-Todos son unos malditos inútiles! ¡Ya me cansé! ¡Llamen a todos los asesinos seriales de las ciudades-estado y a las leyendas de la ciudad sin leyes! –Gritó enojado el conde White.
–¡S-Sí señor! –Respondió asustado el mayordomo.
–Por dios, le hacen subir la presión a uno.
–Cálmese conde White. De cualquier forma ese hombre conejo no se veía tan fuerte.
–Supongo que nos dejamos engañar por la apariencia de esa mujer. Ya saben lo que dicen, nunca hay que dejarse guiar por los rumores.
–Con esa mujer solo íbamos a pasar otra vergüenza. La mejor opción ahora es llamar a los asesinos y las leyendas de la ciudad sin leyes.
–Todavía tenemos muchos espadachines mágicos, pero no puedo creer que vayas a sacar dos de nuestras fuerzas principales, y al mismo tiempo.
–No se preocupen, vamos. De cualquier forma qué pereza prolongar esto más de lo necesario. ¿No lo cree, conde Butler?
–Sí… –Asintió, pero todavía tenía el rostro pálido.
Y así, los asesinos de las ciudades-estado y las leyendas de la ciudad sin leyes, llegaron a la arena.
Jack el destripador estaba bloqueando todos los ataques que recibía sin cansancio alguno, todo mientras peleaba contra el asesino de la ciudad-estado y la leyenda de la ciudad sin leyes, al mismo tiempo.
–Así que ese es Jack el destripador…–Exclamó Alexia al ver los movimientos del payaso sangriento.
Lo que estaba pasando ni siquiera parecía una batalla. Jack el destripador estaba humillando a ambos contrincantes.
Sin más qué hacer, la leyenda de la ciudad sin leyes y el asesino de la ciudad-estado corrieron despavoridos, dándole la espalda a Jack el destripador. Sin embargo, fueron cortados en pedazos, con la sangre de ambos manchando toda la arena.
–Lo peor es que ni siquiera parece estar peleando en serio…
Eso era lo que tenía más perpleja a Alexia. Ambos contrincantes eran muy fuertes desde su punto de vista, todos los rumores e historias que se contaban sobre ellos le hacían honor al renombre de ambos, eso lo tenía claro.
Sin embargo, Jack el destripador había sido capaz de matarlos en cuestión de segundos y sin mucho esfuerzo. No cualquiera podía hacer eso, y daba la casualidad que Alexia conocía a una sola persona que sí era capaz de lograr tal hazaña.
–Shadow…
Ella vio a Jack el destripador como un posible rival para Shadow. Por más increíble que sonase, las pruebas estaban en su umbral.
Pero, lo que más le llamaba la atención, era el extraño hecho de que el aire alrededor de Jack el destripador era algo parecido al de Shadow.
–Y esos movimientos… aunque sé que eso es imposible.
Su estilo de combate y poder mágico diferían de los de Shadow. Alexia recordó las palabras de la diosa de la guerra, cuando le mencionó que a veces, los movimientos de los fuertes parten de una misma base.
–Princesa Alexia, ¿sucede algo? –preguntó Christina en voz baka.
–Esperemos un poco más…
–No la entiendo. ¿No deberíamos aprovechar que todos tienen puesta su atención en Jack el destripador?
–Todo lo contrario. Si esperamos nos podremos mover con más libertad.
–¿Y cuánto tenemos que esperar?
–Hasta que termine todo. –Fue la respuesta de Alexia antes de volver a mirar a Jack el destripador. La vista estaba puesta en cada uno de sus movimientos para no perderse ni uno solo.
Al cabo de unos minutos, el siguiente combate estaba por iniciar. Esta vez en la arena entraron más de cien personas.
–Qué tontos. Están usando la misma técnica que usan los países al borde de su destrucción… apostar todas sus fuerzas en una sola oportunidad.
–¿Usted cree que Jack el destripador será capaz de derrotar a todos esos guerreros?
Todos los combatientes que lo estaban rodeando eran espadachines mágicos de primer nivel. Personas que los miembros de las espadas nocturnas reunieron con todo su esfuerzo. Espadachines más fuertes que cualquier caballero del reino.
–Recientemente he aprendido más sobre lo que es la fuerza, y también a ver qué tanta diferencia hay entre nosotros.
–¿Y qué tan fuerte cree que pueda llegar a ser Jack el destripador?
–Es una buena pregunta. –Respondió Alexia, pensando.
–En primer lugar… entre nosotros hay un mundo de diferencia. –Murmuró.
–¿Un mundo…? ¿Así de fuerte es?
–Gluc… –Kanade tragó saliva, y luego…. –Jack el destripador, fiel sirvienta mío… Hazlo. Acaba con todas las espadas nocturnas. –Murmuró en voz baja.
Un instante después, los más de cien guerreros se lanzaron encima de Jack el destripador.
–Qué barbaridad… – Murmuró confundido el conde White.
Los demás miembros de las espadas nocturnas estaban observando todo en silencio desde sus asientos de primera clase.
El cambio en ellos se produjo cuando vieron derrotados al asesino de la republica y la leyenda de la ciudad sin leyes.
El asesino de la republica había logrado rallar la máscara de Jack el destripador, mientras que la leyenda de la ciudad sin leyes dañó levemente su atuendo. No obstante eso fue todo lo que habían logrado.
Luego de eso, fueron fácilmente abrumados por su fuerza y asesinados sin oportunidad de reacción.
Entonces, alguien dijo… –¿Acaso tenemos a alguien más poderoso que ellos?
Nadie fue capaz de responder a esa pregunta. Aquellas dos leyendas del combate y el asesinato eran las personas más fuertes que habían traído. Por ende, el miedo se iba esparciendo a través de la oscuridad poco a poco.
El rostro de las espadas comenzó a palidecer ante el temor, y fue esto último que les hizo tomar la decisión de dar el permiso para que todos los espadachines mágicos que contrataron entrasen a pelear.
La batalla de hecho todavía seguía su curso, pero el resultado ya estaba decidido.
Todos y cada uno de ellos eran hombres muertos.
Jack el destripador fue el único en pie en el centro del cuadrilátero sangriento, mirando fijamente a los asientos de primera clase.
–¡Lo lamento, pero debo retirarme ahora! ¡Señor White, usted queda encargado de hacerse responsable de lo que hoy pasó aquí! –Dijo uno de ellos levantándose de su asiento. Los otros no demoraron en seguir sus pasos.
–¡Un momento, esperen! ¡Todavía no hemos terminado con él…!--Exclamó con desesperación White.
En ese instante, una voz profunda se escuchó por todo el lugar.
–Caballeros, ¿a dónde van con tanta prisa?
Fue en ese instante que un hombre de edad apareció en las gradas.
–¡Ma-Marqués Darkaican! ¡Qué bueno verlo por aquí!
–Tuve que tomarme las molestias de venir debido a su incompetencia. –exclamó el Marqués , humillando a los demás, pero ni uno de los miembros de las espadas tuvo el valor de contradecirlo.
–Con todo el respeto, dudo que haya algo que podamos hacer a estas alturas…
–Ja. Por más incompetentes que sean, el culto se ha negado a abandonarlos. Por eso les han mandado una gran ayuda para este problema… –dijo el Marqués , señalando hacia el campo de batalla. Allí había una persona parada, cubierta con una capucha. No, en primer lugar, ¿aquello realmente era una persona?
–¿El culto nos mandó a alguien…? Quién es ese…
Aún con la capucha puesta, se podía notar que aquella cosa era una deformación con forma humana, algo alejado de todo concepto de humanidad.
–Es el arma humana que el culto consiguió luego de muchos experimentos. ¡Vamos, muéstranos tu verdadera forma! –exclamó el marqués, y aquella cosa se quitó su capucha al son de su orden.
Al instante, la verdadera figura de aquella cosa salió a la luz.
–¡Pe-Pero qué…!
Era como una mezcla de carne humana y carne de distintos animales mezcladas y unidas entre sí en un solo cuerpo. Era complicado detallar su figura, y ni siquiera era posible identificarlo como másculino o femenino. En aquella cosa se veía la silueta femenina de una mujer, ¿pero en serio todavía era posible catalogarlo con algún sexo humano?
No. Si hubiera que catalogarlo de alguna forma, sería como un monstruo con forma humana.
–Experimento 227, Milia. Ese es el nombre que le dieron a esa muchacha.
–¿Muchacha…? ¿Es una chica…?
–En un inicio era un experimento de la secta de Fenrir, pero luego de ser derrotada por el jardín de las sombras, la secta de Loki recuperó sus restos y la volvieron a unir.
–¿El jardín de las sombras le ganó a esa cosa…? –dijo uno de las espadas, sus palabras estaban mezcladas con un aire de decepción.
–Tranquilo. La secta de Loki la modificó cuando la reconstruyeron. Mezclaron varias técnicas de varias sectas y como resultado crearon al arma humana más poderosa que hayamos visto jamás. Su poder es mil veces mayor al que tenía antes…
El marqués se acercó más al filo de las gradas y gritó su orden.
–¡Experimento 227, Milia! ¡¡Te ordeno que acabes con Jack el destripador!!
Y entonces la batalla inició.
Aquel experimento inhumano corrió como si fuera una bestia. Sus movimientos fueron tan rápidos como imperceptibles, en un abrir y cerrar de ojos, ya se encontraba detrás de Jack el destripador.
El ataque inminente, un ataque pesado con su brazo.
–¡Ohhh!
El poder mágico que desprendió fue tal que hizo temblar todo el lugar, e incluso la barrera impenetrable que los protegía a ellos se agrietó.
–¡Pe-Pero qué poder tan tremendo…!
Un gran cráter quedó en el centro del lugar de batalla producto del feroz ataque.
–¿Dónde está? ¡¿En dónde está?!
En el lugar solo se veía a Milia, pero Jack el destripador no estaba por ningún lado. Lo normal hubiera sido pensar que ese ataque desintegró todo su cuerpo.
–¿Tan rápido? Qué aburrido… –Murmuró el conde White desde su asiento. Los demás miembros de las espadas parecían más tranquilos ahora.
–El poder del arma del culto es abrumador, tal como se esperaba. Por un instante pensé que iba a romper la barrera.
–Ja, ja. Esta barrera es impenetrable. Aunque debo admitir que también me asusté un poco. Alabada sea la fuerza del culto.
–Parece que tenemos que fortalecer más nuestros lazos con ellos. –dijo otro de las espadas.
–En efecto. Es verdad que sufrimos muchas bajas de nuestra parte, pero al menos ganamos un lazo con la secta de Loki. –dijo el marqués, y a eso le siguieron varios aplausos.
–Todo sea por las espadas nocturnas. –dijo él, girándose. No obstante, se dio cuenta que ninguno de ellos estaba aplaudiendo. Entre ellos también se miraron, pero ninguno estaba aplaudiendo, pero aquellos aplausos seguían escuchando.
De ellos, solo uno permanecía petrificado, con la cara pálida. El conde Buttler.
Con su mano temblorosa, señaló a un asiento vacío.
–¿Qué sucede, Buttler? –preguntó el marqués.
–A-Ahí…
En ese asiento. Un asiento vacío…
O al menos eso creían ellos.
De un momento a otro, allí apareció el payaso sangriento.
–¡¿Jack el destripador?! ¡¿Cómo llegó hasta aquí?! –gritó un miembro de las espadas. Casi como por reflejo, o como si de un enjambre de arañas se tratasen, todos ellos se alejaron de él.
–¡¿Qué pasó con la barrera?!
Mientras la barrera esté activa, es imposible que Jack el destripador haya podido llegar hasta ellos.
–¡E-Es imposible…! ¡No es posible!
Jack el destripador dejó de aplaudir y se levantó lentamente del asiento. En su mano cargaba siete cartas.
Jack lanzó todas esas cartas lentamente, en un momento donde parecía que el tiempo dentro de estos muros se hubiera detenido y solo él fuese capaz de moverse. Así, sí, y así nadie fue capaz de evitar lo inevitable.
Trac
Al son de ese pequeño sonido, las siete cartas fueron directamente a parar a las cabezas de los siete miembros de las espadas nocturnas.
–A-Ah…
Todos y cada uno de ellos cayeron al piso, convulsionando, hasta que finalmente dejaron de moverse. En un espacio donde el silencio ahora era el rey y gobernante, solo la sangre que se extendía en el piso estaba frente a su presencia.
La vida de todos ellos estaba en su mano. Todos comprendían eso sin necesidad de explicación.
Si se movían, estaban muertos, si gritaban, estaban muertos, y si no hacían nada, estaban más que muertos.
En medio esa situación, Jack el destripador empezó a moverse. Fue retirando cada una de las cartas una por una.
8 de espadas.
9 de espadas.
10 de espadas.
J de espadas.
Q de espadas.
K de espadas.
En total, seis cartas.
Jack el destripador había lanzado la misma cantidad de cartas que los miembros de las espadas aquí presentes, y de entre ellos, sacó la de ocho de espadas.
Lenta, muy lentamente.
–Heeh… A-Ayuda… –exclamó el hombre inmovil.
Casi al instante, y como si respondiese a su llamado, una enorme cantidad de poder mágico salió desprendido desde la arena.
Era Milia.
Ella acortó la distancia entre ambos en un instante, y con su enorme brazo trató de alcanzar el cuerpo de Jack el destripador.
Un enorme rugido se escuchó. Seguido de otros que sonaban bang, bang, bang.
Pero Jack el destripador ni se inmutó. Milia seguía golpeando repetidamente la muralla de luz, la barrera que los separaba.
–La-La barrera… –dijo alguien.
La barrera estaba ahí, seguía activa. Milia estaba tratando de romperla desde el otro lado.
Entonces, ¿cómo entró Jack el destripador? Nadie sabía la respuesta.
En medio de los golpes de Milia que seguían resonando del otro lado, Jack el destripador lanzó el ocho de espadas.
Uno murió.
Luego lanzó el nueve.
Y de nuevo, uno murió.
Seguido el diez de espadas.
Otro murió.
Todo mientras Milia seguía golpeando la barrera.
–Por-Por eso se los dije… les dije que teníamos que hacer todo para matarlo… este tipo es un… monstr….--sin poder terminar su frase, el J de espadas se clavó profundamente en el corazón del conde Buttler.
Él se aferró a esa carta, sosteniéndola en su pecho con una mirada de desesperación.
–La… barrera… ¡Tenemos que deshacer la barrera! ¡Que alguien lo haga…! –gritó el conde White, pero nadie escuchó su orden.
–¡Alguien! ¡Que alguien lo haga! ¡Alguien! ¡Quién sea! ¡Háganlo! –casi enloquecido, él siguió gritando y gritando al vacío. ¿Casi? No, totalmente. El conde White ya había perdido todo razonamiento.
–¡Alguien! ¡Alguien! ¡Quién sea! –gritó, pero entonces la Q de espadas atravesó su garganta.
Aun con eso, él seguía gritando, y siguió haciéndolo hasta morir.
El único que quedaba era el márques, y ahora era su turno.
Él estaba en el suelo, sin entender lo que estaba pasando.
–¡¿Q-Quién rayos eres tú?! ¡¿Por qué un monstruo como tú está aquí…?!
Jack el destripador se acercó lentamente a él con la K de espadas, girándola en su mano, como si estuviera jugando con la vida del marqués.
–¡Si quieres dinero te pagaré lo que sea, te lo prometo! –gritó el marqués, con una voz tan acobardada que no parecía ser el líder de las espadas nocturnas.
–¡Por favor, perdoname la vida! ¡Solo eso te pido!
Y finalmente la carta atravesó su nuca, cayendo de cabeza contra el suelo y marcando el final de las trece espadas nocturnas. Su manera de morir fue como si le estuviera pidiendo disculpas a todo el mundo por sus fechorías.
Mientras tanto, el sonido que emitía los golpes de Milia seguía resonando en vano. Jack el destripador se quedó viendo un rato los cadáveres, y luego miró a Milia.
Se dirigió hacía ella, hacia la barrera…
Luego, la tocó. De su mano salió una especie de poder mágico color púrpura que convirtió su cuerpo en humo y lo hizo atravesar la barrera.
Al instante, Milia lo atacó.
–¡¡Graaaaaaaaaaaaaaaah!! –gritó salvajemente, golpeando y mandando a volar al indefenso Jack el destripador.
Su cuerpo se estrelló contra la pared de forma salvaje. No obstante, se levantó como si nada, y luego miró a Milia.
—¡¡Grrrrrr!!
Ella nuevamente se lanzó al ataque como una bestia furiosa. Su enorme cuerpo, su fuerza, su poder mágico casi perfecto, era el mejor trabajo del culto. Sus ataques violentos sacudieron toda la arena y agrietó incluso la barrera. El cuerpo de Jack el destripador golpeó el suelo y rebotó como una pelota, una y otra y otra vez.
Pero no cayó derrotado. Todos los golpes conectaron, pero él inteligentemente esquivaba aquellos que podían ser letales.
Su mirada estaba fija en ella, solo en ella.
–¡¡Gaaaaaaaaaaaaaaar!! –aulló Milia.
Su cuerpo comenzó a transformarse mientras de su interior salía un líquido rojo oscuro. Entonces de su espalda, pecho, estómago y cara, salieron varios tentáculos, los cuales se extendieron grotescamente hasta llenar toda la arena. Eran casi mil tentáculos para atacar a Jack el destripador.
Y en un abrir y cerrar de ojos, estos lo atravesaron, y rápidamente destruyeron su cuerpo hasta que allí solo quedaron esos pedazos de carne retorciéndose sin cesar.
Era como ver un gusano de lodo. Así es como se veía a los ojos de Christina. En su mente, ese pedazo de carne lleno de tentáculos que había destrozado el cuerpo de Jack el destripador, era lo que era.
–¿Lo mató…? –exclamó Alexia a su lado, aunque sus palabras carecían de certeza.
–No lo sé. Me es difícil creer que haya sido derrotado así de fácil.
–Lo mismo pienso yo. Ni siquiera trató de contraatacar.
–Sí…
Jack el destripador ni siquiera se defendió de los ataques de Milia.
Pero, tal y como lo había deseado, había acabado con todas las espadas nocturnas. Fue así que el reinado de terror que esta organización que controlaba el reino desde las sombras durante tanto tiempo, llegó a su fin sin pena ni gloria.
Un resultado humillante, para la influencia que tenían. Esto hizo que Christina casi explotara de risa, aunque logró contenerse al último momento.
En todo caso, el trabajo estaba hecho. Jack el destripador había acabado con las trece espadas nocturnas y no tenía razones para quedarse a pelear con Milia.
–Puede que solo escapara ahora que ya cumplió su objetivo… –dijo Alexia, pero todavía no parecía convencida del todo.
–Lo único cierto es que se ve casi imposible sobrevivir a una embestida de todos esos tentáculos. –añadió Alexia.
Cada uno de esos tentáculos poseía una fuerza abrumadora, y se podía sentir un gran poder mágico fluyendo a través de ellos. Por eso, su razonamiento era correcto y hasta natural.
Pero entonces…
Una luz púrpura comenzó a salir de esos tentáculos. Al inicio era un pequeño brillo, pero rápidamente explotó en un destello que cubrió toda la arena.
–¡¿Q-Qué es este poder mágico?!
La fuerza que estaban sintiendo superaba toda expectativa, y su fuerza, tan grande como salvaje, hizo añicos los tentáculos que lo rodeaban.
–¡¡Gyaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!! –gritó de dolor Milia.
Podía sentir un intenso dolor que venía de los tentáculos y recorría su cuerpo.
En medio de eso, el destello purpura comenzó a apaciguarse lentamente, hasta que en medio de la luz menguante, un hombre con un saco largo color negro azabache hizo su aparición.
–¡Es… imposible…!
El hombre que nació de esa luz, el hombre que hacía resonar estrepitosamente el suelo con las pisadas de sus botas era…
–Mi nombre es Shadow… Aquel que acecha a las sombras, y aquel que caza a las sombras…–dijo una voz salida desde el mismísimo averno.
–¿Shadow…? ¿Qué hace él aquí…? –exclamó Alexia.
Christina también estaba confundida, pero en paralelo sentía que había una razón, que él estaba aquí para demostrarle algo.
Él siempre tenía una razón. Después de todo, era el hombre que peleaba contra el mundo, cargando con todos sus pecados en favor de un gran objetivo.
Christina sabía bien que el camino que él cruzaba era un camino lleno de sangre, pero por eso mismo estaba ansiosa de verlo.
–Gyaaaaaaaaaaaaaaaaa.
Al parecer Christina no era la única confundida en el lugar. Milia detuvo su frenesí de repente al ver la figura de Shadow.
–Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah.
Pero rápidamente la confusión se transformó en odio.
–¡¡Shaaaaaaaaaadooooooooooooow!! –gritó a todo pulmón, mostrando por primera vez un leve rastro de humanidad.
Su grito era fuerte, pero podía entenderse que lo estaba llamando.
–¡¡Shaaaaaaaaaaaaaadoooooooooooooow!!
Rápidamente nuevos tentáculos crecieron de su cuerpo al son de un sonido grotesco. Con un gran ímpetu, Milia usó sus tentáculos y también su enorme brazo para atacar a Shadow.
Era una rafaga de ataques, tan violenta como una tormenta.
Sin embargo Shadow saltó y voló a través de esos ataques, cortando los tentáculos y esquivando con elegancia el golpe del enorme brazo. Parecía una flor danzando en medio del aire.
Seguido de eso, un pequeño rastro de poder mágico púrpura tocó el cuerpo de Milia, llenándolo de heridas y entrando a través de ellas.
–¿Por qué no la derrota…? –se preguntó Alexia.
–Ese monstruo es fuerte, eso es innegable. Pero Shadow ni siquiera se lo está tomando en serio. Es como si estuviera jugando con ella.
Christina también pensaba igual y se preguntaba lo mismo; ¿por qué? Shadow tenía el poder suficiente como para acabar con esa cosa de un solo golpe, ella lo sabía bien.
–De seguro tiene un motivo.
–¿Un motivo?
–Sí, es su destino, la providencia. Y es nuestro deber observar el camino sangriento que recorre…
–¿El qué? –dijo Alexia confundida.
–¡¡Shadoooooooooow!! –volvió a gritar Milia. Ahora era más perceptible al oído. Ella estaba gritando el nombre de Shadow.
–¿Recuperó el habla?
Milia ahora podía gritar palabras en un tono más humano.
Pero sus ataques no cesaban, y el rastro de magia púrpura tampoco dejaba de entrar en su cuerpo, seguía aferrándose a él por completo.
–¡Imposible…!
El cuerpo de Milia se encogió. Los restos de carne de monstruo habían desaparecido, y ahora se veía como una pequeña chica de piel blanca.
Era un retroceso. Estaba volviendo a ser humana.
–¿La está curando con su poder mágico…? –exclamó Christina. Se había dado cuenta que el poder mágico de Shadow la estaba curando desde puntos específicos de su cuerpo.
Milia por otra parte, ahora con una delicada piel blanca, pero todavía con partes de carne de monstruo y tentáculos, lanzó un grito de dolor.
–¡¡Shadoooooooooooow!!
Fue entonces que todas se percataron que ella estaba llorando. La reconstrucción había avanzado y ahora volvía a tener un rostro humana, del cual se veían lágrimas caer en picada.
–¡¡Shadooooooooooooow!!
La chica lloraba, y mientras lo hacía, controlaba los tentáculos de su cuerpo mitad humano, mitad monstruoso.
Con cada movimiento que hacia, ella lograba recuperar un poco más de humanidad, pero la cantidad de tentáculos que había producido ya era tal que había llenado la arena por completo.
–¡¡Sha…dooow!! –gritó de dolor.
Sangre salía y brotaba de los lugares por donde sacaba los tentáculos.
Nuevamente los movió a su voluntad, hasta que finalmente atrapó a Shadow. Sin perder un solo instante, trató de atacarlo con su brazo. Sin embargo Shadow cortó los tentáculos y de paso también al enorme brazo.
El monstruoso brazo voló por los aires. Aquel brazo derecho no volvió a ser el de un humano, pero al menos el brazo izquierdo sí regresó a su forma original.
Ella estaba sosteniendo una daga con ese brazo.
¿Dónde había escondido eso? Hasta ahora ella siempre usó su brazo derecho para atacar, jamás el izquierdo, con el que sostenía cuidadosamente aquella daga.
–¡¡Shadooooooooooooooooooooooooooooooooooooow!!
Ella trató de perforar a Shadow en el corazón con esa daga.
–Espléndido. –dijo Shadow.
Pero antes de poder hacerlo, un gran flujo de poder mágico púrpura detuvo a Milia antes de lograr su objetivo. La daga se detuvo a pocos centímetros del corazón de Shadow.
–Ah… Ah…
Milia comenzó a recuperar su humanidad, lo veía en su mirada.
Los tentáculos desaparecieron, y ella dejó caer su daga al suelo. Era una pequeña daga con una gema roja incrustada. En el mango estaba inscrito el mensaje; “para mi amada hija, Milia”.
–Pa… Papi…–exclamó antes de caer al suelo.
¿Quién había detenido el avance de la daga? ¿Shadow? ¿Ella misma? Nadie lo sabía.
Shadow tomó en sus brazos a una desmayada Milia, y luego hizo una seña.
Casi de inmediato, un grupo de mujeres con traje negro al cuerpo aparecieron frente a él. Habían aparecido de la nada, estaban aquí, pero nadie había sido capaz de percibirlas.
Todas estaban postradas en reverencia, en espera de las órdenes de su señor.
–Encárguense del resto. –dijo él, dándole esa simple orden a la que parecía ser la líder del grupo y luego desapareciendo en la oscuridad.
Luego de que confirmaran que Shadow se había ido, todas comenzaron a moverse a hacer su labor. La que parecía ser la líder del grupo tomó a Milia y su brazo cercenado, y luego miró en dirección a Alexia y compañía.
Ella levantó un poco la barbilla, en dirección a la salida del lugar. Tal parece que las estaban dejando ir.
–Pa-Parece que nos pillaron… –dijo Alexia sudando frío.
–Ayayayaayaya… –exclamó Kanade, con miedo.
–¿Qué hacemos? –preguntó Christina.
–Finjamos que nos vamos. Tranquilas, no tardarán en irse. –sugirió Alexia, caminando hacía el corredor secreto. Kanade la siguió de cerca, temblando y detrás de ella seguía Christina, que por un instante volteó la mirada hacía atrás.
–Así que, esto es lo que elegiste…
Aunque decidió recorrer un camino sangriento, él salvó a ese monstruo, y probablemente seguiría salvando a muchas personas de camino a cumplir con su objetivo, tal y como lo hizo con Christina aquel día.
Para ella, ese camino aunque lleno de sangre estaba, también se veía lleno de luz.
Jack el destripador hizo estremecer a todo el reino asesinando a las trece espadas nocturnas y desapareciendo luego de eso.
Las personas teorizaron mucho acerca de su identidad. Unos decían que era un asesino enviado de Begarta, y otros que era el espíritu de un legendario espadachín en busca de venganza. Rumores y teorías sin pies ni cabeza.
Hubo muchos que levantaron la voz, diciendo que Jack el destripador era el mismísimo Shadow, pero al final la orden de caballeros lo negó. Al final, la identidad del famoso asesino quedó en la incertidumbre.
La noche en que Jack el destripador asesinó a siete miembros de las espadas nocturnas aun con todo el resguardo de sin números de caballeros y espadachines mágicos, se convirtió en leyenda. La enorme fuerza que demostró con ese acto llevó a todos a pensar que al final, si se podía tratar de un espíritu vengativo o incluso de algún demonio.
Estoy casi seguro de que en cien años esto se convertirá en una película con un título en plan; “¡¿Quién era Jack el destripador?! y será taquillera en todo el mundo.
Pero por el momento, todo perfecto. Mi trabajo está hecho.
Jack el destripador se convirtió en leyenda y estará arraigado en la historia del mundo para la posteridad.
–¿Pasó algo bueno? –me preguntó el hombre sentado frente a mí.
Si no mal recuerdo su nombre era Gray. El jefe del departamento de investigación de los caballeros. Ahora mismo me encontraba en una sala de interrogatorio dando mi testimonio como testigo del caso.
–Solo pensé en que Jack el destripador tiene los días contados si alguien tan hábil como usted lo persigue. –respondió con la mayor mentira que se me pudo ocurrir.
–En efecto, así es. Tienes buen ojo para ser un jovencito, eh. –asintió Gray, satisfecho por mi respuesta.
–Bien, solo te lo preguntaré una vez más por si acaso. Tú no entraste al recinto del conde White, ¿verdad?
–Es correcto, no lo hice. Me dio mucho miedo así que me negué a seguirlas, además que yo nunca haría algo ilegal.
–¿Cuándo será que la princesa Alexia deje de hacernos el trabajo tan difícil? Ahora que sabemos que entró sin permiso al recinto, no podemos confiarnos totalmente de su testimonio.
–Di-Disculpe señor, ¿es verdad que la gente piensa que Shadow está detrás de todo esto…?
–Qué va. Solo es una mentira para difamar a los caballeros y criticarnos alegando que dejamos que Shadow haga lo que quiera en la capital.
–Pero la princesa dijo que lo vio…
–Dudo mucho que viera bien en ese espacio tan oscuro, sin mencionar que solo ella dice haberlo visto. Vamos, que la princesa solo quiero un poco de atención.
–Ya entiendo…
–Ajá. En fin, eso sería todo. Gracias por tu cooperación, muchacho. Creo que esta será la última vez que te llamemos a testificar.
–Muchas gracias a usted.
–Cuidate.
Luego de despedirme de Gray, salí de la habitación de interrogatorios. La verdad es que como detective da una pena que ni les cuento, pero es bastante fuerte como espadachín mágico. Se le daría mejor blandir la espada que investigar casos.
Dejando eso de lado, supongo que ahora es el turno de Kanade. A ella también la llamaron a testificar.
Caminé por el pasillo hacia la sala de espera. Entonces, de repente me crucé con un hombre.
–¿Hm?
Me detengo y lo miro.
–¿Necesitas algo?}
El hombre también se detuvo y me miró.
Era un hombre alto, con ojos entrecerrados y una cara de buen samaritano.
–No, disculpe usted…
–Ya veo… tú eres… No, nada, olvidalo.
El hombre trató de decir algo, pero se detuvo y sin borrar esa sonrisa en el rostro siguió su camino. Yo también seguí mi camino, pero siguiéndole el rastro con su presencia.
Entró a la sala de interrogatorios donde estaba Gray.
–Esa persona se veía poderosa. –murmuré en voz baja.
El hombre entró a la habitación donde Gray lo estaba esperando y se sentó al frente.
–¡Bi-Bienvenido señor! –saludó Gray rápidamente.
–Qué lento eres. –exclamó el hombre entre un suspiro.
–¿A qué se refiere?
–A que te tardaste mucho en notar mi presencia.
–Mi-Mil disculpas. Cuando usted quiere pasar desapercibido es imposible que yo lo note si no lo tengo frente a frente.
–Pues el joven que acaba de salir de aquí sí me notó.
–¿El joven…? ¿Se refiere a Cid Kageno?
–No sé su nombre. Fue un chico de cabello negro.
–Qué extraño. Él no es un gran espadachín mágico que digamos… ¿no habrá sido casualidad?
–Es probable. Uno nunca sabe. -dijo el hombre con una sonrisa. Para él esto no era un tema de importancia, y probablemente para mañana ya habrá olvidado que vio a ese chico.
–La destrucción de las espadas nocturnas fue un golpe duro.
–Lo-Lo lamento mucho señor. Hicimos todo lo que pudimos, pero el reino de Midgar no nos proporcionó fuerzas suficientes para movernos con total libertad…
–No te estoy culpando. En primer lugar todo esto es culpa de la secta de Fenrir por perder la influencia que tenían en este reino. Por culpa de eso volvimos a perderle el rastro a los del jardín de las sombras.
–¿Y cómo afecta esto al plan…?
–En nada. Completaremos los colmillos cazadores de sombras tal y como está planeado.
–Con todo respeto, el poder de Shadow parece ser más grande de lo que pensamos. Según los reportes, venció al número 227 Milia sin esfuerzo alguno…
–Todo eso estaba previsto. –dijo el hombre entre risas.
–Pero ahora que ya no tenemos a las espadas nocturnas, será más difícil actuar en el reino de Midgar. Es probable que necesitemos de tu ayuda, así que procura estar listo para cuando llegue el momento.
–Como usted ordene, mi señor Loki.
–No me falles…
Y el hombre desapareció, quedando solo Gray en esa habitación con una sola ventana.
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