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El tutor privado de la hija del duque - Volumen 0 Prólogo

 



Prólogo

–Hmm… ¿Se ve bien? – Me pregunté con incertidumbre al ver mi apariencia en el gran espejo de mi habitación. Mi nombre es Stella Howard, la hija mayor del duque que gobierna las tierras del norte. El listón color azul claro, y mi cabello blanco con un tono algo azulado brillaban con la luz del sol que entraba por la ventana. 

Estaba algo ansiosa. No era el momento ni tampoco la hora para estar haciendo esto cuando debería estar en la academia recibiendo clases. 

No obstante, hoy era día festivo y tenía planes de acompañar a mi hermanita y sus amigas para ir de compras. A sabiendas que no era algo que debería ser una princesa de un ducado, asenté mis botas negras en el suelo y luego di una vueltecita sin moverme del lugar. 

Agarro mi falda con una mano, y la otra la pongo en mi mejilla para nuevamente ponerme a pensar en lo que estaba haciendo.

La ropa que cargaba me la había recomendado mi mejor amiga y vicepresidenta del consejo estudiantil de la academia real, Caren, y también Felicia, la directora de la asociación Howard-Leinster, o también llamada “la compañía Allen”.

“¡Tienes que ponerte esto!”-- Fueron sus palabras.

Incapaz de ir en contra de sus insistencias, terminé poniéndome la camisa manga larga color marrón claro y la falda larga azul y lila que ahora mismo cargo puesta.

Mis amigas estaban bastante a la moda. Yo por desgracia solía dedicarme más a los estudios y mis prácticas mágicas que a otras cosas. 

Pero con esta ropa, al menos podré evitar que alguien diga que mi estilo de la moda se queda corto al de mi amiga y vicepresidenta del consejo. Pensando en eso, suspiro y miro nuevamente el reloj. 

Ya va siendo hora de ir a por mi hermanita y sus amigas.

–Creo que debería resignarme y llevar esto puesto. – Pensé, y casi de inmediato las voces preocupadas de cierto ángel y demonio me lanzaron una pregunta. 

–¿Segura~? Ya sabes, puede que apenas cruces esa puerta…

–¡Te encuentres con Allen-sama! 

Casi al instante, mi corazón latió con fuerza, y unos fragmentos de hielo azul claro aparecieron en el aire.

–Ah…

Puse mis manos en mis mejillas y me encogí de hombros. 

El Cerebro de la Dama de la Espada, Allen.

El tutor privado de mi hermanita Tina. Aquel que logró sacar a flote su talento, al igual que a su amiga a quien considero mi otra hermanita, Ellie Walker. Gracias a él, ambas lograron ingresar a la mejor institución educativa del reino, la academia real, pero también fue la persona que me salvó. Él me sacó del abismo sin fondo que sentía por ser la próxima duquesa de la familia Howard y también me enseñó a superar el sentimiento de inferioridad que sentía por mi mejor amiga y mi hermanita. Él para mí, es el mago más dulce del mundo.

Allen-sama había dicho temprano que no iba a poder sumarse a la reunión porque tenía asuntos pendientes, pero era probable que pudiera encontrarmelo al salir de la casa.

“Stella, te ves hermosa”.

Quiero que me diga eso, quiero que me vea y me diga bonita.

Todavía quedaba tiempo, así que pensé en probarme otros atuendos, pero… 

–Toc Toc

Escuché el sonido de la puerta, y sentí el poder mágico de mi hermanita del otro lado.

Por desgracia, se acabó el tiempo.

–Adelante. Está abierto.

–¡Onee-sama, ya estamos listas!
–Co-Con su permiso.

Del otro lado entraron dos pequeñas chicas. Una de ellas tenía mi mismo color de cabello y la otra un claro cabello rubio peinado en dos coletas. Ambas traían el mismo conjunto, un vestido de una sola pieza de un sútil color verde. Eran los vestidos que habían ido a comprar el otro día con la segunda hija de los Leinster, Lynne.

El nombre de una de ellas era Tina Howard, y la otra Ellie Walker. Mi dulce hermanita, y mi otra casi hermana Ellie Walker. Esta última era la sucesora de una familia que ha servido a la nuestra por generaciones, la casa Walker.

–Je, je, je, onee-sama~

–Kyaa.

Mientras sonreía al verlas, mi hermanita saltó a mis brazos. Utilicé un pequeño hechizo de levitación para no caerme.

–Tina, ya te he dicho que no hagas eso. Ten más cuidado. –Le dije levantando un dedo en señal de reprimenda, tal y como suele hacer Allen-sama.

En respuesta, mi hermanita levantó su rostro sin soltarme. Sus ojos brillaban de emoción.

–¡Onee-sama! ¡Ese conjunto te queda divino!
–Ah…¿E-En serio?

–¡Así es! ¿Verdad que sí, Ellie?
Tina asintió con alegría, mientras veía a su amiga de la infancia en señal de aprobación. Aunque la pequeña chica en cuestión parecía estar nerviosa, o más bien anonadada o incluso apenada.

–S-Shí. Se-Señorita Stella, se ve muy madura y bella con ese atuendo…

Parece ser que la recomendación de mis amigas fueron precisas y perfectas. Muchas gracias Caren, Felicia.

–Je, je. Muchas gracias. Ustedes también se ven muy lindas. Por cierto… –Dije a medias. La puerta sonó una vez más antes de poder hacerles la pregunta que quería.

Volteé la mirada hacía la puerta y en la entrada estaba parada una chica pelirroja de bello rostro. Ella cargaba un conjunto de una sola pieza del mismo color. Su nombre era Lynne Leinster, la segunda hija de los gobernantes de las tierras del sur, el ducado Leinster y también la única amiga de Tina de su edad aparte de Ellie.

Su hermana mayor era la famosa dama de la espada, Lydia Leinster, quien junto con Allen-sama, ha conseguido un sinnúmero de logros militares desde que salieron de la academia real. 

–Disculpe por entrar sin permiso, Stella-sama. Hoy se ve hermosa con ese atuendo.

–Muchas gracias, Lynne-.san. Caren y Felicia lo eligieron por mí.

Decidí no dármelas de bella dama, sino ser quien soy y nada más. 

Una de las cosas que Allen-sama me enseñó fue que debo avanzar paso a paso, sin desesperarme y con paciencia.

Lynne-san en respuesta puso una mueca en su pequeño rostro. 

–Ah, eso no es justo. Caren-san y Felicia-san son de las pocas mujeres a la moda que hasta mi hermana respeta. –dijo ella, pero rápidamente sonrió y se acercó.

Al final, comenzó a hablar y hablar con mi hermana como siempre lo hacían.

–¿Hmmm? Ay, pero qué raro~ ¿Será que me falla la memoría~?  ¿No habías dicho que nos esperarías en tu habitación~?

–Cambié de opinión…

–Ohhh~ Ya veo, cambiaste de opinión. Entonces no fue por la razón que pensaba~

–¿Cuál…? –Respondió Lynne en total alerta a la respuesta de Tina. Mi hermanita por su lado se cruzó de brazos y sonrió con una mueca burlesca.

–Que la señorita Lynne se sintió tan sola que no pudo esperar más y decidió venir a buscarnos~ ¿O acaso acerté? ¿La señorita segunda mejor estudiante de ingreso es una bebé en busca de atención~?

–Ja… –se río Lynne, tocando su cabello rojo con la mano izquierda. 

–Parece que la señorita mejor estudiante de ingreso tiene una imaginación enorme. Simplemente vine a buscarlas para no perder el tiempo, no es que haya querido ver el atuendo de Stella-sama o algo parecido…

–Sí, ya. Como digas.

–Nada de yayas. ¿Quieres que le diga a nii-sama que me estuviste molestando?
–¡¿Eh?! –Exclamó Tina nerviosa. Los papeles de quien ataca y quien se defiende siempre cambiaban cuando el nombre de Allen-sama entraba en la discusión.

Tina hizo un puchero como una niña pequeña y comenzó a hacerle un berrinche a Lynne-san.

–¡E-Eso no es justo! No puedes escudarte usando el nombre del profesor… ¡¿Es así como su alteza Lynne Leinster hace las cosas?!

–Eres la menos indicada para decirme eso, su alteza Tina Howard.

–¡Hmm! 

Ambas rápidamente dejaron fluir su poder mágico, y pedazos de hielo y bolas de fuego flotaron en el aire. Ambas se estaban extralimitando solo porque nuestra mansión estaba protegido por una poderosa barrera, pero… ay, qué voy a hacer con estas niñas.

Suspiré, y luego tomé mi bastón.

–¡Parece que hoy será el día en que saldemos cuentas de una vez por todas!

–¡Grabaré tu cara llena de lágrimas y lo guardaré para la posteridad!
–Ahh, ahh. Se-Señorita Tina, señorita Ly-Lynne, paren. No-No deberían pelear~ –Exclamó Ellie, tratando de mediar entre Tina y Lynne-san que estaban a punto de lanzarse hechizos la una a la otra.

Ya estaba acostumbrada a esto, pero no por eso lo podía permitir, así que moví levemente mi bastón.

–¡Hyaa! –Gritaron las dos con un sobresalto y detuvieron sus hechizos al sentir los pedazos de hielo que invoqué en sus nucas.

Luego de eso levanté mi dedo nuevamente y les di un sermón como lo haría cierto mago.

–Tina, Lynne-san, ya sé que son buenas amigas y eso, pero traten de no pelear cuando no está Allen-san. De lo contrario podrían terminar destruyendo toda la mansión.

–¡No-Nosotras no nos llevamos bien!

–Sí, sí. Lo que digas, querida.

–Uhhh~~

Tina y Lynne-san se quejaron en silencio al mismo tiempo, pero rápidamente se calmaron. Las dos se sentaron en un sillón que tenían cerca y rápidamente Ellie tomó un peine para peinarlas.

–Ah, cierto. Lynne, el otro día en la prueba que nos puso el profesor…

–¿La de la semana pasada? Ya encontré la forma de resolverla. Luego te enseño.

–¡Po-Por favor, no se muevan, que trato de peinarlas! –Rápidamente comenzaron a hablar y a disfrutar de un momento juntas. Me quedé viendo eso, pero sin pesar ni desesperación alguna… algo impensable para mí hace unos meses. 

¡Todo, todo esto es gracias a Allen-sama! 

Sin poder contener mi alegría, me acerqué a la ventana y vi el gran árbol de la academia real.

–Me pregunto si él también estará viendo este hermoso cielo…

De solo imaginarlo, el corazón se me llenaba de una felicidad inexplicable.  A pesar de todas las cosas que habían ocurrido últimamente a mi alrededor, incluyendo mi nombramiento de “santa” en otro país, al final del día, no era más que una mujer común y corriente.

Una que disfrutaba ver a su hermanita y amigas divirtiéndose juntas.

–Muy bien. Ellie, avisame cuando termines de peinarlas, ya es hora de irnos. Hay que llegar a la cafetería del tejado celeste antes que Caren y Felicia. 

–Sí~



En el ala este de la capital había muchas cafeterías. Según Allen-sama, los negocios estaban tratando de adaptarse a los requerimientos de los estudiantes, por lo que aparecían una detrás de otra. 

Hablando de él… ¿será que vendrá? De ser así podría hablar con él y e-enseñarle mi nueva ropa. 

–Onee-sama.

–Señorita Stella.

–Entremos de una vez. 

Me había quedado parada frente a la cafetería del tejado celeste imaginando cosas, hasta que Tina, Lynne-san y Ellie me regresaron a la realidad. 

–Ti-Tienen razón.

Vamos, guarda la compostura, Stella. Recuerda que eres la próxima gran duquesa de la casa Howard y también la representante de todos los estudiantes de la academia. Tengo que mantener la compostura. Me repetí eso en la cabeza y luego abrí la puerta de madera añejada frente a nosotras.

–Tram –Sonó un pequeño sonido al abrirla.

El lugar estaba un poco vacío, aunque era natural porque ya no era hora de almorzar. Miré alrededor, pero parece que ni Caren ni Felicia habían llegado. La dependiente que conocía ya de un tiempo para acá estaba ocupada con otro cliente. Supongo que podemos sentarnos en algún lugar vacío y ya, ¿no?
–Bienvenidas. ¿Necesitan algo?  

En medio de mi indecisión, el gerente de la cafetería se acercó a nosotras desde el otro lado de la barra. Sus palabras si bien eran casuales, no se alejaban de lo respetuoso.

La verdad es que… era la primera vez que intercambiaba palabras con él, así que, aunque algo nerviosa, le respondí.

–Bu-Buenas tardes. Hmm, tenemos una reunión planeada. Pronto deberían llegar dos chicas, una de la tribu de los lobos y la otra una chica con lentes.

–Les haré saber que están aquí. Por favor, tomen asiento. –Dijo el gerente, entendiendo lo que quería decir para luego guiarnos a una mesa. Fue entonces que recordé a Allen-san diciendo una vez que esta persona podía recordar con facilidad los nombres y rostros de cualquier cliente.

Luego de guiarnos a una mesa en el fondo de la tienda y muy amablemente prepararnos los asientos, el gerente hizo una reverencia.

 –Por favor no duden en llamarnos cuando quieran ordenar algo.

–Muchas gracias. –Respondí, tomando el menú que nos había dado y luego pasándoselo a mi hermanita y compañía que se sentaron al frente.

–Hmm~ Estoy indecisa. ¿Qué tarta debería probar hoy?
–E-Es una duda existencial.

–Ah, parece que tienen una nueva. 

Las tres estaban emocionadas mientras hablaban de dulces y tartas. En momentos como estos uno recordaba que las tres todavía eran unas niñas. 

Me quedé viéndolas fijamente, y entonces de repente Tina cerró la carta.

–Ellie, Lynne.

–Sí, señorita.

–Ja, parece que las grandes mentes piensan igual. 

Las tres chicas confirmaron sus intenciones mutuamente y luego se despidieron de mí.

–Onee-sama, si nos disculpas…

–¡Iremos en busca de un tesoro!

–¿Eh? E-Espera Tina, a dónde va… –Traté de detenerlas, pero las tres caminaron a toda prisa hacía el cristal donde estaban los nuevos dulces y tartas en exhibición.

–Ay, estas niñas… 

Tomé los objetos de valor que traía conmigo y me levanté para perseguirlas.

Al llegar, las chicas ya estaban eligiendo cuidadosamente las tartas que querían a través del cristal. 

–Creo que debería irme por lo clásico y pedir una de manzana y miel. Aunque esa de frutos del sur también se ve muy rica…

–Uy, uy, uy. Hay una nueva tarta de limón y queso~

Las tres se veían muy contentas eligiendo sus tartas. ¿Me pregunto si Caren y yo también nos vemos así cuando venimos a comer?

–Qué nostálgico…

–¿Eh?

De repente escuché ese murmulló viniendo del gerente que estaba al otro lado de la barra. Estaba mirándonos con una dulce sonrisa mientras traía una tetera calentada con una piedra mágica de fuego.

–Mil disculpas. Simplemente recordé que Allen-san también se divertía con sus amigos de la misma forma cuando salían de las clases de la academía y venían a comer aquí.

–¿Ellos venían a comer tarta? – Pregunté con expectativa. 

Allen-sama y sus amigos. Ellos eran bien conocidos como los “cuatro legendarios” gracias al montón de hazañas y leyendas que se cuentan de ellos en sus tiempos como estudiantes.

Los cuatro legendarios estaban conformados por Lydia Leinster, la heredera del título de la dama de la espada por parte de su madre, lady Lisa Leinster. 

Justo después de ella estaba la segunda princesa del reino, Sheryl Wainwright, nombrada como la princesa de la luz.

Después estaba el mejor espadachín mágico en la historia de la academia, el misterioso barón Zerbert Renie.

Y finalmente Allen-sama de la tribu oriental de los lobos.

Pero nadie sabe a ciencia cierta de las cosas que pasaron en esos momentos. 

El gerente quitó la tapa de la tetera y con una cuchara metió un poco de té.

–Se siente como si hubiera pasado hace mucho tiempo cuando en realidad no fue hace mucho… –Murmuró en voz baja.

Fue hace un año, si no mal recuerdo.  Se dice que en ese año, Allen-sama y compañía lograron resolver muchos casos mientras iban saltando y saltando grados hasta llegar a la universidad. Aunque las únicas personas que quedan a su lado son la dama de la espada, Lydia Leinster y la princesa de la luz, Sheryl Wainwright.

Nadie sabe qué pasó con el barón Zerbert Renie.

–Dis-Disculpe, si no es mucha molestia…

¿Podría decirme más sobre Allen-sama de cuando iba a la academia? –fue lo que traté de pedirle, pero más rápido que eso, la puerta se abrió de par en par y de allí entraron un grupo de hombres con atuendos de científicos. 

–Bienvenidos~ –Dijo una mesera, recibiéndolos con una sonrisa. 

Tina se acercó a mí mientras yo, inconscientemente, había agarrado mi propio brazo derecho con el izquierdo. Al parecer Lynne-san y Ellie ya habían vuelto a nuestra mesa. 

–Onee-sama, ¿sucede algo? Ah, una orden por favor~

–Enseguida.  –respondió el gerente a la petición de mi hermanita. 

La yo del pasado probablemente hubiera mantenido esto en secreto. Pero ahora sabía mejor que nadie que pedir ayuda no debe dar verguenza. Por eso abracé cuidadosamente a mi hermanita desde su espalda y acaricié su cabeza.

–Te lo diré en un rato… Gerente, yo voy a querer una tarta con los frutos de temporada y un té, por favor.

Luego de regresar a la mesa, les conté a las otras chicas lo que había escuchado.

–La…

–Historia…

–¡¿De profesor Allen de cuando era estudiante?!

Tina apretó el tenedor con fuerza y Ellie gritó a los cuatro vientos al mismo tiempo que tomaba la tetera. Lynne fue la única que no se sobresaltó.

–Guarden un poco de silencio. La magia de insonorización no es perfecta.

–Ah, cierto…

–Lo-Lo lamento mucho. –respondieron ambas, avergonzadas.

Yo bebí un poco del té hecho con hojas traídas del sur, donde crecían las hojas más deliciosas. Rápidamente un aroma dulce tocó mi nariz.

–Jamás se me ocurrió que el gerente de este lugar conociera esa historia… pero ahora que lo pienso, tiene sentido. Después de todo no han pasado tantos años desde que Allen-sama asistió a nuestra academia.

–El profesor jamás me ha contado su historia escolar…

–N-Ni a mí… 

Tina se quejó mientras tomaba un pedazo de tarta con su tenedor y Ellie se deprimió un poco mientras servía una taza de té.

Hablar de eso cuando recién se conocieron no sonaba ni correcto ni apropiado, pero ahora… ahora no saberlo me llenaba de miedo. 

Pero al mismo tiempo quería saberlo, quería saber todo sobre él. Estaba ansiosa por saber qué tipo de vida estudiantil llevó el mago que no solo salvó a Tina, sino que también me salvó a mí, extendiéndome su mano y sacándome de la oscuridad en la que me encontraba.

“Cada vez que me siento triste, vengo a este lugar a ver la luna y las estrellas”.

Justo entonces recordé el maravilloso paisaje que Allen-sama y yo vimos aquella noche en la catedral de los espíritus de la capital.

–Yo… –dijo un poco indecisa Lynne mientras metía un poco de azúcar a su té. La joven chica de los Leinster nos miró a las tres fijamente mientras que con una cuchara mezclaba el azúcar con el té.

–Yo conozco la historia de cómo mi hermana y nii-sama se conocieron. Nuestra maid principal, Anna, me lo contó todo cuando veníamos de regreso al sur de la capital. Mi madre también me contó un poco de lo que sabía.

–¡¿Eh?! –gritaron Tina y Ellie, aunque rápidamente se taparon la boca.

Miré el reloj que había en la cafetería y luego a la pequeña duquesa pelirroja.

–Lynne-san, ¿podrías contarme esa historia? De todas formas parece que Caren y Felicia tardarán un poco más en llegar.

–Sí, Stella-sama… Aunque le advierto que será un poco vergonzoso de escuchar.

Luego de que la chica que se hizo amiga de mi hermanita y Ellie aceptara mi petición, rápidamente dijo esas palabras rascándose su mejilla… Un momento, ¿vergonzoso?
Lynne-sana tomó su taza de té con ambas manos y parecía indecisa sobre lo que estaba por decir. 

–Es que, bueno… Ya saben, mi hermana antes de conocer a nii-sama y ser la dama de la espada era un poco más salvaje que ahora, incluso irracional, despiadada tal vez… alguien centrada en lo que debía hacer. E-En fin, esta historia tiene varias partes que podrán sonar un poco increíbles.

Hoy en día no hay nadie que no conozca a la actual dama de la espada del reino. Aunque ese nombre está ligado a muchas mentiras y verdades, temores y chismes.

Se dice que; Trató de cortar con su espada al director de la academia en su examen de ingreso.

Se dice que; Destruyó todo un campo de entrenamiento en un enfrentamiento con la princesa. 

Se dice que; Aplastó a una organización que entró a amenazar la seguridad del reino.

Se dice que; Hizo que una docena de hijos de nobles se retiraran de la academia.

Aunque se sabe que por esos tiempos todavía no podía usar bien la magia, así que era improbable que todas estas cosas fueran verdad. Si bien era improbable… sabía de primera mano que Lydia-san habría sido muy capaz de hacer todo eso..

Lynne siguió con su explicación.

–No obstante, no creo que Anna me haya mentido. No tiene razones para hacerlo, y menos cuando se trata de mi hermana y nii-sama antes de ser conocidos como la dama de la espada y el cerebro de la dama de la espada. En lo personal, creo que todo lo que me contó, o más bien reportó porque parecía más eso, es verdad. Por favor tenga en cuenta eso.

–¡Entendido! -

–S-Sí.

–Está bien.

Tina respondió con ímpetu, y yo sin perder la calma ni los estribos.

Mi corazón latía a mil por hora al mismo tiempo que Lynne-san comenzó a contar la historia desconocida del mago que más amo en este mundo.

–Según mi madre y Anna, la primera vez que ellos intercambiaron palabras fue en el examen de ingreso a la academia, cuando tuvieron que enfrentarse al director…


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